martes, 2 de diciembre de 2014

Accidentes y Responsabilidad: La viga en el ojo propio



Desde hace unos años parece que una de las palabras que van indisolublemente unidas a los términos "montaña" o "montañero" es ACCIDENTE. Constantemente el mundo de las actividades en el medio natural viene asociado en los medios de comunicación a los rescates, búsquedas, accidentes y demás desgracias; transmitiéndose de este modo una imagen oscura y poco atrayente que, a mi juicio, no tiene nada que ver con la realidad de estos deportes.

Imagen de un rescate en el valle de Chamonix

Esta accidentalidad tan resaltada en los medios tiene, en algunos aspectos, un perfil bastante claro y ante el que es mas que evidente que hay que poner nuevas medidas o cambiar las actuales para disminuir estos hechos: actividades sencillas, personas menores de 30 años, no federados y cuyo accidente tiene, al menos, un precursor en la falta de planificación de la actividad es el prototipo de accidentado en el medio natural.

Existen otros foros para tratar estos asuntos, pero desde aquí queremos, hoy destacar uno de los efectos colaterales de estos accidentes: la judicialización de las actividades de montaña y la cada vez mas reclamada responsabilidad por los daños derivados de estos accidentes. Si el mundo de la montaña ha entrado de lleno en la sociedad es lógico que esta conexión sea bidireccional y por tanto haya una exigencia social que se traspasa al mundo de la montaña. La preocupación por las coberturas de los seguros y su conveniencia para las actividades que se realizan, o la gran expectación, y preocupación, que detectamos en las formaciones que damos en clubes y federaciones sobre estos temas son algunos de los reflejos de las inquietudes y respuestas que estas "nuevas costumbres" han planteado al mundo de la montaña.

 
Momento de una charla sobre Responsabilidad
La Responsabilidad en nuestras actividades tiene su base jurídica en el artículo 1902 del Código Civil "El que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado". Supone, a grandes rasgos, que habrá de indemnizar a quien sufre un daño (físico y/o material) en el desarrollo de cualquier actividad salvo que se demuestre que es por culpa exclusiva del propio perjudicado. Y es lógico que, en una sociedad cada vez más informada y con mayor facilidad de acceso a la justicia, los perjudicados, o sus herederos o representantes legales, pretendan satisfacer esos derechos que consideran vulnerados.

Hay en otro aspecto de nuestro trabajo en el que también hemos notado este aumento de la judicialización de la vida deportiva. Cada día se nos reclama, profesionalmente, más a menudo para participar como peritos en juicios por accidentes. En nuestro caso añadimos al conocimiento práctico y técnico de distintas modalidades deportivas un importante y determinante conocimiento jurídico de manera que ofrecemos al juez una visión clara y objetiva de un mundo que, normalmente, desconocen por completo.

La actividad del perito es, en muchas ocasiones, fundamental para determinar la existencia o no de responsabilidad en estas actividades. 

¿Cuantas veces hacemos caso a las señales?

Sin embargo, una de las cuestiones que más me llama la atención cuando participo en juicios es la nula capacidad de autocrítica o la incapacidad de reconocer los errores propios que han llevado a la producción del accidente. 

Enlazando esta visión de algunos de los accidentados con el conocimiento de la casuística de muchos accidentes se deducen algunos aspectos que quiero remarcar como posibles ideas para la reducción de los accidentes:

  • La mayoría de los accidentes se producen en actividades sencillas y por errores propios del deportista.
  • La adopción de decisiones erróneas, muchas de ellas generalizadas y repetidas en todas las modalidades deportivas e incluso contrarias a normativas, que no suelen derivar en accidente provocan que no las consideremos equivocadas ni aun después de haber sufrido el accidente.
  • El factor emocional de estos deportes contribuye decisivamente a la creación de situaciones de riesgo que no percibimos como tales.
  • Escasa autocrítica y poca reflexión sobre las propias actividades e incidentes llevan a que estos se repitan y ocasionen accidentes.

4 comentarios:

angel sanchez dijo...

Desearia,que las personas federadas ,en montaña,que se leyeran las coberturas de dichas polizas ,ya que se pueden llevar una sorpresa muy grande al saber ,que determinados deportes incluidos en los seguros de montaña,no cubre daños a tercero,lo se por experiencia propia.

Ad Montem dijo...

Hola Angel.
Gracias por tu comentario. Efectivamente, tal y como cuentas, estamos en una posición muy debil, como colectivo, en el campo de los seguros. Prometo que hablaremos sobre ello en no mucho tiempo.

Ad Montem dijo...

Por cierto, y si no te importa. Puedes ponerte en contacto con nosotros y contarnos la exeriencia por favor.

حسام داود dijo...

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